Qatar abre el Mundial con Morgan Freeman como padrino, que pasa de ser Mandela a arrodillarse

El actor estadounidense conduce la apertura en el estadio Al Bayt, la gran jaima que homenajea al mundo árabe y sienta a sus dirigentes en el palco, entre ellos el controvertido príncipe saudí

Morgan Freeman, en la ceremonia.
Morgan Freeman, en la ceremonia.Rodrigo JimenezEFE

Las gradas del Estadio Al Bayt eran como un tablero de ajedrez desdibujado. El negro y el blanco se alternaban, asimétricos. Eran los colores de los atuendos árabes de hombres y mujeres, las abayas, los hiyab, las túnicas. La élite qatarí, beneficiaria de un nivel de vida ligado a la nacionalidad a la que no puede acceder ni la tercera generación de migrantes en Qatar, acudía como si quisiera cumplir con lo que manda el Corán: “Hijo de Adán, ponte tus mejores ropas para acudir a la mezquita”. Un estadio no es un lugar de fe, pero el poder bien vale las mejores ropas. El poder que pone de rodillas en el estadio a Morgan Freeman, el mismo hombre que interpretó a Nelson Mandela en la defensa de unas libertades que, hoy, no imperan en la capital del fútbol, en el centro de un mundo redondo, pero imperfecto.

Al Bayt no tiene nada que ver que el ajedrez. El estadio, en la ciudad de Al Khor, toma el nombre de ‘bayt al sha’ar’, que es como se llama en árabe a las tiendas de los beduinos, nómadas del desierto, conocidas también como ‘jaimas’. “El fútbol permite que nos reunamos como una tribu y la tienda es la tierra en la que todos vivimos”. Es uno de los lemas de la ceremonia de inauguración de este Mundial, previa al encuentro entre Qatar y Ecuador, que ha convertido la gran ‘jaima’ en un lugar de discusión sobre los derechos humanos, vulnerados por el organizador del Mundial, al regirse por la ‘Sharia’, la ley islámica. En su palco estaba el secretario general de la organización creada después de la Segunda Guerra Mundial para defenderlos, Antonio Guterres. Son los pecados capitales de la diplomacia.

ESPERANDO A BLINKEN Y FELIPE VI

Quienes pudieron los evitaron, pero con la boca pequeña. Un día después de la apertura, se espera al secretario Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, en Doha. El propio Rey Felipe VI acudirá a Qatar para presenciar el debut de España ante Alemania, el miércoles. Más de 4.500 millones de inversiones en España bien valen un paseo, pero con las menos exposiciones posibles. El puesto de privilegio de la jaima tenía sus riegos, puesto que junto al emir Tamim Hamad bin Al-Thani se sentó el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman. Uno de los personajes más controvertidos de la escena internacional, acusado de ordenar el asesinato del periodista crítico Jamal Khashoggi, descuartizado en Estambul por su servicio secreto.

La presencia del heredero saudí es, sin embargo, una gran victoria diplomática de Qatar, al tratarse del vecino más amenazante, por dimensión y capacidad, e instigador del último embargo contra Qatar en la región del Golfo. En Arabia, de donde procede realmente la dinastía Al-Thani, se reían cuando el emir padre, Hamad Khalifa bin Al-Thani, solicitó el Mundial. Ahora se pliegan a una influencia que no han sabido poner en marcha.

APLAUDEN LAS ÉLITES

La llegada de Hamad al estadio, recibido por su hijo, fue muy aplaudida en el estadio. Saben los qataríes a quien deben su bienestar. Los Al-Thani han tenido la habilidad de, al margen de amasar una fortuna invertida en negocios en todo el mundo, repartir riqueza entre una población subsidiada, con una renta per cápita que duplica a España. No hay, pues, Primavera Árabe, solo aplausos.

“Bienvenidos al Mundial del mundo árabe”, proclamaba la megafonía del Al Bayt. Un mundo distinto al qatarí, un país de calles despobladas, incluso el día que se inauguraba su fiesta. El paseo de La Corniche, junto al mar, a la otra orilla de la Perla en la que se sitúa el ‘skyline’ de la ciudad financiera de Doha, convocaba a más policías que aficionados. Apenas se aprecian grupos de argentinos, los más fieles con su selección. Nunca fallan, sea donde sea.

El mundo árabe, al menos, se congregó en el palco de autoridades, junto a varios dirigentes africanos. Entre ellos, el ex presidente de Liberia y Balón de oro, George Weah. Estaba, asimismo, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, el mismo día que en Doha se recibía el primer vuelo desde Tel Aviv, pese a las relaciones rotas entre Qatar e Israel. La fuerza del fútbol es un motor imparable si se coloca en la dirección correcta, aunque tampoco se puede pedir al fútbol lo que no hacen la política ni las empresas. En todas partes hay hipócritas. En eso tiene razón Gianni Infantino. En lo demás, hay mucho que discutir. Habrá que esperar a salir de la jaima, donde ahora se juega, y cuando lo hacen las estrellas, todos callan.

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